Ya hace más de dos meses que no entierro un nuevo cadáver en Onimaclandia…
-¿Tan ocupado ha estado durante el verano, maese Onimac?
No lo creo, mi única actividad vital es la lucha por estar inactivo.
-¿Entonces? ¿Cuál es el motivo?
Eso lo investigaremos otro día. Supongo que conoce las propiedades reflexivas del croissant, curasán, cruasán o crusán. Un producto cuya ingestión es capaz de activar hasta 3225 divagaciones filosóficas a lo largo de un día en un cerebro bien formado.
-¿Por eso dicen que engordan?
Eso es una falacia. El croissant no engorda sino que aumenta la vida interior hasta el punto de no caber dentro del organismo. Como consecuencia, nuestro cuerpo sufre una hinchazón que percibimos como si de simple obesidad mórbida se tratase, cuando en realidad lo que ha crecido no ha sido nuestra tripa sino nuestro espíritu.
-Entiendo. Entonces esos niños gordos que vemos por la calle no son unos golosos como la gente supone, sino más bien unos pensadores incansables…
Exactamente, auténticos adictos al pensamiento y la reflexión. Siempre y cuando su gordura se deba a una dieta rica en bollería industrial y no a otras chuminadas.
- Siendo tan inteligente como es usted, no entiendo como le pudieron quedar asignaturas pendientes.
Si hay algo que un profesor nunca perdona es la inteligencia. ¿Sabe? Creo que debemos dejarlo por hoy, mis ideas se están amermelando.
-¿Amermelando?
Sí, es una de las sensaciones más extrañas del mundo. La mente se vuelve viscosa y los pensamientos se transforman en mermelada, una sustancia demasiado gruesa para hacer la sinapis… Pensar bajo este estado es como intentar disparar una pistola de agua rellena de fango .
-Entiendo. ¿Hay que tomar drogas para alcanzar ese estado?
No. Sólo hay que estudiar periodismo. ¡Pero ten cuidado! ¡Dicen que si superas los cuatro cursos te puedes quedar así para siempre!

